Sierra Sur

Alcalá la Real, Alcaudete y Castillo de Locubín, que comparten un pasado muy similar, conforman el tramo jiennense de la Ruta del Califato, itinerario turístico y cultural que une Córdoba y Granada, las dos grandes ciudades andalusíes.

Los posos de la perdida al-Andalus son, en efecto, palpables en la comarca de la Sierra Sur, el vértice más meridional de la provincia de Jaén. Ocultas entre la feracidad de los montes y los valles, las tres localidades muestran al viajero algunos de los rincones más atractivos de la Andalucía Media, esa difusa marca geográfica por la que lucharon decenas de culturas desde las primeras edades del hombre.

Alcalá la Real es la gran ciudad de estos lares, y ejerce como su capital económica, social y administrativa. La ciudad ha crecido a los pies de La Mota, un cerro envalentonado y altanero sobre el que se asienta una de las fortalezas más evocadoras de Andalucía.

Fortaleza de La Mota, Alcalá la Real

Una sólida línea de murallas encierra el primitivo castillo árabe y la iglesia abacial de Santa María la Mayor, levantada con elementos arquitectónicos que evocan a un tiempo el gótico y el Renacimiento. Dentro del recinto defensivo se ubica un Museo Arqueológico, en cuyas salas se exhiben algunas de las piezas que hicieron famosa la ciudad durante la época de dominación musulmana. A los pies de la fortaleza se esparce la población. Entre los edificios más notables cabe citar el Ayuntamiento y el palacio Abacial, convertido hoy en centro cultural y social. Las calles señoriales, abrigadas por palacetes y casonas solariegas, conducen hasta la iglesia de la Consolación, un templo de corte renacentista que alberga en una de sus capillas la imagen de la Virgen de las Mercedes, patrona de la ciudad.

Interior de la Iglesia mayor abacial de Alcalá la Real

Otros monumentos de interés son el Pilar de los Álamos, fuente erigida a mediados del siglo XVI, y las iglesias neoclásicas de San Antón y las Angustias.

Tras el desfile monumental no hay que olvidar que Alcalá la Real acoge una amplia nómina de aldeas que salpican su término municipal. La mayor parte de ellas posee el ambiente de antaño y muchas conservan la tipología urbana con que fueron levantadas. Mures, Bobadilla, Ribera Baja o Santa Ana son algunos de los caseríos más hermosos de la comarca. La Rábita llama la atención por su originalidad geográfica: en las calles se citan los límites de dos provincias y tres términos municipales; hasta el punto de que una barriada pertenece a la provincia de Córdoba y otra a la de Jaén. Pero no queda aquí la cosa: dentro de dichos barrios hay calles inscritas en el término municipal de Priego de Córdoba, otras en Alcalá la Real y algunas en Alcaudete.

Nuestra ruta prosigue rumbo a Córdoba hasta alcanzar Castillo de Locubín. En los últimos años esta pequeña localidad colgada de los lomos de un valle ha cultivado sus campos de cerezos hasta el punto de contar en la actualidad con una de las plantaciones más importantes de toda Andalucía. Su blanco casería se arracima en torno a la iglesia de San Pedro, que posee capillas de bello acento. De la fortaleza que da su nombre el pueblo apenas quedan algunos lienzos desdibujados entre calles y plazas mínimas.

Cerezos en flor en Castillo de Locubín

La otra gran localidad de la Sierra Sur es Alcaudete, cobijada a los pies de un castillo muy firme y poderoso, desde cuya torre del homenaje se divisan los anchos y luminosos paisajes que miran al sureste cordobés. Este bastión ha sido rehabilitado, como lo han sido muchos edificios que alumbran el barrio viejo. La iglesia de Santa María posee diáfanas naves y portadas que rememoran el pasado tardogótico de la localidad. Desde aquí, las carreteras enfilan la provincia de Córdoba o suben hacia la comarca de La Campiña, donde el olivar adquiere todo su protagonismo.

Impresionante vista del Castillo de Alcaudete