domingo, abril 22

Las huellas de un pasado íbero de Peal de Becerro

Peal de Becerro es la puerta de entrada natural a la Sierra de Cazorla y a las abruptas sinuosidades de Quesada. Su emplazamiento, bañado por los ríos Guadalquivir y Guadiana Menor, estuvo ocupado en la antigüedad por florecientes asentamientos íberos; la cámara sepulcral de Toya es uno de sus legados más fascinantes. Se trata de uno de los monumentos funerarios más importantes y singulares de la cultura ibérica en la Península y una parada obligada en el producto turístico “Viaje al Tiempo de los Íberos”.

Al aproximarnos al montículo sobre el que se asienta el pueblo destacan, en el corazón del núcleo urbano, dos torres que formaron parte de una fortaleza medieval que estaba adscrita a Quesada y que, pasado el ecuador del siglo XIV, en 1361, fue saqueada e incendiada en una razzia de tropas árabes del reino de Granada.

La Torre del Reloj, erigia a finales del siglo XIV, tiene unos doce metros de altura. La Torre Mocha, la otra conservada del castillo medieval, resulta menos elegante que la del Reloj y mide unos siete metros.

Peal de Becerro es un municipio que posee dos enclaves, situándose el principal, donde se asienta la localidad, al oeste de la comarca del Alto Gualdaquivir y en terrenos de campiña olivarera. El segundo enclave, al este de la comarca y en plena zona montañosa, pertenece al Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas. Las tierras agrícolas se reparten entre cultivos herbáceos, trigo y cebada, y el olivar en porcentajes parecidos, predominando en las tierras de monte las especies arbóreas forestales. La economía local depende de la agricultura, principalmente, seguida de los transformados metálicos, la construcción y la industria agroalimentaria, especialmente la oleícola y la de derivados cárnicos.

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