¡Nos vamos de ruta! Los poyos de la mesa

El Puente de las Herrerías, un marco incomparable donde disfrutar de las tenues notas de los danzarines carboneros y herrerillos, resguardado a la orilla del Guadalquivir y a pocos kilómetros de su nacimiento se ubica este privilegiado enclave. Cobijado sobre la gran altiplanicie que pretendemos conquistar, los Poyos de la Mesa, nos espera esta maravillosa área recreativa, donde avituallarnos de agua o aprovechar las barbacoas en temporada.

Para comenzar nuestra andadura, nos dirigimos por la pista forestal que impide el acceso a vehículos, en dirección al célebre Pino de las Tres Cruces. Los primeros metros de nuestra ruta son mero trámite, junto a la rivera del Gran Río, para poco después seguir uno de los cientos arroyos que nutren sus aguas. El Arroyo de los Habares es nuestro punto de referencia junto al que transcurre nuestro sendero, a partir de este momento el camino se vuelve más escarpado y nos esperan 2 kilómetros de ardua subida.

Según ganamos altura y el sol va calentando las laderas que nos rodean, comenzamos a divisar los primeros buitres. Estos magníficos animales, pueblan numerosas repisas del enorme macizo de roca caliza que estamos a punto de conquistar y no es raro verles despegando con las primeras corrientes térmicas. Las magníficas vistas al Puerto del Tejo y la Loma de los Castellones, no hacen sino darnos energía para superar el último desnivel, llegamos a un cruce donde tomamos la senda de nuestra izquierda y dejamos atrás la posibilidad de conocer otro rincón de singular belleza; La Cerrada del Pintor.

Lentamente, la subida se hace más amena y menos tortuosa, la meta está cerca y nos adentramos en este maravilloso calar, introducidos por las suaves colinas de las Lomas de la Mesa. Cruzamos la extensa llanura y poder disfrutar de las espectaculares vistas a todo el valle del Guadalquivir, la Cordillera de los Agrios, el Puerto de las Palomas, el Pico Cabañas… 360 de visión a una de las mejores panorámicas de la sierra. El viento sopla con fuerza desde este mirador natural y no pasa mucho tiempo antes de buscar alguna zona más provista de vegetación.

En cualquier actividad física por el medio natural, debe existir tiempo para un descanso y tras tomarnos el nuestro y con aliento renovado, seguimos la pista que conduce hasta la Nava del Espino, esta zona suele estar especialmente frecuentada por muflones y gamos, dos animales introducidos por el hombre, pero de increíble porte. Suelen pastar en las grandes praderas que los fuertes vientos limpian de nieve. Tras bordear Cerro Galán, nuestro sendero comienza a descender por un buen trozo de pista que desaparece de forma intermitente. Tras unos metros en los que podemos sentirnos algo desorientados, se presenta ante nosotros el antiguo Cortijo de la Cuesta del Bazar, una de esas muchas construcciones repartidas por lomas y eras, reducidas en muchos casos a polvo y recuerdos mudos. Muy próximo a sus ruinas se encuentra un gran ejemplar de pino laricio llamado comúnmente El Abuelo, junto a él, nos incorporamos de nuevo a la pista, esta vez parte del GR -247, para seguir junto a los mágicos saltos de agua, que traza el Arroyo de los Habares, antes de alimentar al Guadalquivir. Él último kilómetro nos acerca hasta un frondoso castaño centenario, antes de dar por terminado nuestro recorrido. Los Poyos de la Mesa, un trocito de paraíso concentrado en la Sierra de Cazorla. Paisajes, agua y naturaleza salvaje se funden para crear una experiencia única.

El punto de incio de la “gran ruta”

 

Desde Cazorla y la Iruela o desde la presa del Tranco por la A- 319 hay que llegar hasta el Empalme del Valle situado en el ascenso al puerto de las Palomas desde Arroyo Frío. Desde allí hay que tomar la JF 7091, dejando el desvío hacia el Parador, el del poblado del Vadillo-Castril y el que va al Nacimiento del Guadalquivir. Hay que continuar por esa carretera que se convierte en pista forestal hacia las Navas y el sendero arranca en la Nava del Espino justo en las Ruinas que se encuentran a la derecha.

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