Jaén capital

Toda visita a Jaén debe comenzar en el Castillo de Santa Catalina. Allí, en el cerro más alto de la capital, se obtiene una de las mejores vistas de la provincia, con olivares esparciéndose alrededor de la trama urbana. Este disciplinado ejército de millones de “soldados” trepa en dirección norte hasta las estribaciones de Sierra Morena, que aprisionan Jaén frente a la inminencia de la meseta castellano-manchega. Las autoridades municipales han instalado en el castillo un Centro de Interpretación Turística que rememora el pasado árabe de la fortaleza.

Castillo de Jaén

Un serpenteante camino conduce por la cima del cerro hasta la Cruz. Desde este ventoso otero se divisa el viejo corazón de la capital y la catedral renacentista más veraz de cuantas se han levantado en España. La visita prosigue por los barrios de La Magdalena, San Juan y La Merced. En el primero no hay que dejar pasar la iglesia, el palacio de Villardompardo y sus Baños Árabes, y el Antiguo Hospital San Juan de Dios, convertido en una gran centro social y cultural. San Juan destaca sobre todo por la Capilla de San Andrés, en la que podemos admirar la gran reja de hierro que forjó el maestro Bartolomé. Traspasado ya el Arco de San Lorenzo, en el barrio de La Merced se levanta la iglesia del mismo nombre, con un hermoso claustro que evoca los postulados renacentistas que tanta fama dieron a la capital a lo largo de los siglos XVI y XVII.

Iglesia de La Merced

Pero sin duda, el gran monumento de Jaén es la catedral. Enclavada en la plaza de Santa María, su fachada es un resumen colosal de todas las obsesiones renacentistas. Aunque está inscrita en tiempos del barroco, el arquitecto Eufrasio López de Rojas volcó en ella buena parte de los principios estéticos que Andrés de Vandelvira pontificó en su interior; de este arquitecto es, verdaderamente, el espíritu que impregna la obra entera. En vida dejó terminada la Sala Capitular, la Sacristía y el Panteón de Canónigos, que en la actualidad acoge los fondos del Museo Catedralicio. Sin embargo, del omnipresente acento vandelviriano no escapa ni el más tardío Sagrario, que se alza en la gran longa del templo.

Fachada de la Catedral

Muy cerca, la plaza de San Francisco está presidida por el Palacio Provincial, sede de la Diputación de Jaén, y enmarcada por la parte trasera – algo gótica- de la catedral. La Carrera, que es la calle más aristocrática, baja hasta la plaza de la Constitución, donde se alza una talla en barro del renombrado alfarero ubetense Paco Tito.

Palacio Provincial, actualmente sede de la Diputación de Jaén

El Jaén contemporáneo, es decir, la ciudad crecida entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, se dispersa en torno a la plaza de la Constitución. De ella nacen dos calles, Virgen de la Capilla y Roldán y Marín, que derivan a su vez en dos avenidas: la de Madrid y la de la Estación. Esta última es un bulevar de ambiente comercial y administrativo que baja hasta la plaza de las Batallas. En medio de la rotonda se yergue un monumento, obra del escultor Jacinto Higueras, que rememora las batallas de Las Navas de Tolosa, acaecida en 1212, y Bailén, en 1808. Desde el parque de la Victoria, sombreado por altas palmeras, se divisa una deliciosa estampa del cerro del Castillo y las sierras que lo circundan. Paseo abajo encontramos el Museo Provincial: parece un palacio renacentista, pero fue erigido en 1920 por el arquitecto Antonio Flórez. En él están incorporadas las portadas del antiguo Pósito y de la desaparecida iglesia de San Miguel. La planta baja, dedicada a arqueología, acoge la colección de arte íbero más importante de España, un legado que Jaén quiere dar a conocer en un museo internacional proyectado calle abajo y que verá la luz en este 2017.

Interior del Convento de las Bernardas