El Condado

En las estribaciones de Sierra Morena, donde el cuadro monocorde del olivar empieza a resquebrajarse por la aparición de tierras arcillosas y armoniosas dehesas, la comarca de El Condado ha jugado siempre el papel de territorio fronterizo que le asignó la historia. En la actualidad, además de su nobleza, estas tierras septentrionales, lindantes con la sierra de Segura por el este, han sabido sacar a flote todo su poderío paisajístico y cultural, que es mucho.

Iglesia de San Juan Bautista, Navas de San Juan

En las inmediaciones de Santisteban del Puerto, capital histórica de la comarca, una talla de un dinosaurio sorprende al viajero. Anuncia un Monumento Natural compuesto de 24 huellas de bípedos del Triásico, dispersas en una superficie de 1.923 metros cuadrados. Este espacio protegido recuerda los orígenes remotos de una tierra que tuvo como primeros pobladores, hace 230 millones de años, a los grandes saurios.

Pero demos un gran salto en el tiempo. El Condado, que fue también lugar de asentamientos fenicios, griegos e íberos, alcanzó su gran esplendor durante la época romana, al convertirse en paso de la vía Augusta; por allí transitó Aníbal con sus elefantes cuando iba a la conquista de Roma. La especial configuración geográfica de estas tierras, a caballo entre el valle del Guadalquivir, la Meseta y el Levante, las convirtió en una encrucijada histórica.

Encinas, enebros, madroños, jaras, alisios, fresnos y alcornoques aderezan un escenario serrano donde pastan ovejas, cabras, cerdos y toros bravos. Estos últimos son, precisamente, los protagonistas de uno de los productos turísticos más innovadores de los últimos años en El Condado: el tren taurino, que ofrece cada fin de semana trayectos desde Madrid para conocer las ganaderías de todos de lidia afincadas en estas tierras. Parte de la estación madrileña de Atocha con destino a la de Vilches, puerta de la comarca si se viaja desde Linares. Los pasajeros son trasladados en vehículos todo terreno a fincas de ganado bravío, donde ven de cerca toros de lidia y novillos, participan en tientas – pruebas para apreciar la bravura de los becerros – y degustan la gastronomía campera. La noche se pasa en algún alojamiento rural lleno de encanto.

Vilches

Además, el recorrido incluye visitas a centros dedicados a actividades económicas peculiares de la región, como alguna granja de perdices y avestruces, taller de taxidermia, obrador de repostería o artesanía en madera de olivo. Su cercanía con Sierra Morena hace de la comarca punto de destino de cientos de cazadores que cada año disfrutan, en los cotos de la comarca, de su enorme riqueza cinegética. También la pesca es un reclamo importante: su “costa interior” formada por los 90 kilómetros de cinco pantanos, es la mayor de Andalucía.

Santuario ibérico de La Cueva de la Lobera, Castellar

Al margen de sus encantos naturales, los ocho municipios de la comarca forman un frisio de atractivos monumentales, culturales y gastronómicos. Como Vilches, un pueblo de continuos repechos y enigmáticas calles laberinticas, donde destaca la iglesia de San Miguel, del siglo XVI y el castillo árabe, con la ermita de la Virgen del Castillo en medio de su patio de armas. La carretera autonómica que vertebra la comarca prosigue hasta Navas de San Juan, un pueblo que debe su nombre al lugar de su emplazamiento, y el apellido, a la iglesia de San Juan (siglo XVI).

Santisteban del Puerto

En Santisteban del Puerto resulta obligada una visita a la iglesia de Santa María del Collado, con estilos tan distintos como las influencias visigodas y góticas de sus capiteles, el barroco del altar o el plateresco del coro. Es, además, la cuna del insigne escultor Jacinto Higueras, que ha dejado testimonio de su obra en el museo que lleva su nombre. Muy cerca de allí, la ruta conduce a Castellar, uno de los exponentes de la cultura íbera en Jaén merced al yacimiento del santuario de la Cueva de la Lobera. Su riqueza monumental tampoco es desdeñable, como demuestra la sobriedad de la antigua colegiata de Santiago, del siglo XVII; el palacio renacentista de los duques de Medinaceli; o la iglesia de la Encarnación, construida en el siglo XIV sobre un castillo árabe, que luce una armoniosa fachada renacentista.

Vista de Sorihuela del Guadalimar

En Sorihuela del Guadalimar, a caballo entre El Condado y la comarca de Las Villas, destaca la torre del homenaje del antiguo castillo árabe conquistado en 1235 por Fernando III El Santo. Finalmente, sobre un promontorio entre inmensos campos de olivar se levanta Chiclana de Segura, con recoletas y empinadas calles que desprenden un evidente aroma árabe. Su iglesia de San Pedro o el Puente Mocho, romano, son otros valores monumentales. Por último, dos razones gastronómicas para acudir corriendo a estas tierras: sus platos de carne de monte y los pericones de San Antón, dulces de raíz morisca.