De Carchelejo a Cambil por el GR 7

Cierto día estos pies de peregrino echaron andar desde Carchelejo, buscando algún lugar que me llenara, conformándome incluso que solo fuera de paso, y con pocas medio-zancadas cuesta abajo descubrí que acerté al apoyar mis pies de nuevo en esta zona de Sierra Mágina tan peculiar y agradable.

Lo primero que mis ojos ven en el descenso del carril junto a la fábrica de embutidos es el bosque de “olivos”, infinito a la vista en algunos tramos del camino, pero me quedo con la PAZ que siento, olivos, tranquilidad, sosiego y alegría de meterme de lleno en este carril que llega a ser en pocos metros un vericueto y enredoso sendero. Me noto que voy saliendo de la rutina diaria, place el sitio, el sendero ahora medio sube, ahora medio baja y me lleva al final a cruzar un arroyo que rompe el silencio con el trasiego del agua, hay espacios de buena vega, granados, membrillos, algún que otro cerezo y olivos, bosque de árbol todavía silencioso y de mucha paz, en menos de una hora veo que se acerca el fin en este primer tramo del camino que me va a llevar a Cambil, me sorprende un peñón raro, desde pequeño cuando pasaba con el coche mis progenitores me decían: ¡¡mira el diente de la vieja!!, jajaja, a buena fé que hoy observándolo tan de cerca si que lo parece.

Ahora toca el tramo de asfalto, van a ser pocos metros, quizás un kilómetro, lo suficiente para acelerar el paso y acabarlo pronto, y de nuevo bajo el puente de la autovía un puente pequeño, vuelves al carril primero, mas adelante al sendero y al final de nuevo al carril. Pero ahora el terreno se te hace extraño, he pasado de un lugar que es verde, húmedo y fresco con buenos árboles a un sitio arisco, con bosque muy bajo y matorral y muy seco, parece la antesala de un desierto, por todo esto el territorio no deja de tener su encanto, todo esto me lo encuentro a la izquierda conforme avanzo, a la derecha es otro cantar, no muy lejos el susurro del río Cambil te llama, como diciéndote que está ahí con sus meandros frenando el agua para que no llegue tan pronto a su destino, a la izquierda sequedad, a la derecha, agua, frescura y umbría.

Hay que saltar alguna que otra cerca y llegar a un tramo en el que el sendero se esfuma y es tu intuición la que sin ningún problema encuentra el camino, de nuevo cerca del río, rodeado de olivos, andando junto a la paz y la tranquilidad que da este árbol, de nuevo subidas, luego bajadas, el camino juega con quien lo pisa para cambiarlo a la otra orilla, y de nuevo como en la bajada de Carchelejo, la vega, cultivos, árboles frutales y paz, quietud y armonía, rompiendo el silencio el río, susurrando que él esta allí también.

En esta zona se cuenta la existencia de un “eremitorio” visigodo, buen lugar para un cenobio que busca siempre meditación y reflexión. De vuelta al camino y de nuevo al cambio de orilla buscamos ya el último tramo para llegar a Cambil, se sube y se baja, se baja y se sube y el carril no para de dar vueltas, como no queriendo que lo dejes, son aquí algunas panorámicas auténticas postales, allí arriba como erigiéndose en los mas alto las antenas de Almadén y apareciendo como incrustadas en la sierra las primeras casas blancas de una localidad muy tranquila y atractiva.

Entro a Cambil localidad tranquila y volviendo a siglos atrás me hacen pensar que por donde he andado fué y aún es un camino milenario y en época medieval un lugar de frontera, sitios de rafias, escarceos con espadas y pequeñas o grandes luchas, lugar de secuestros y de intercambios de comercio, hay veces que en cualquier curva me da la sensación que va a aparecer una avanzadilla cristiana, o un tropel a la carrera musulmán, rescatar la memoria de estos caminos es defender patrimonio y cultura, hacer que no se olvide todo lo que hace tiempo ocurrió por estos lares.

lejo,

Han sido poco mas de trece kilómetros, me alegra haber salido durante unas horas de la rutina diaria y disfrutar de la naturaleza y de la gente excepcional con la que he compartido esta ruta, Cambil está aquí y voy a disfrutarla viéndo su portada del Hospital, o el magnífico Altar de la Iglesia de la Encarnación y abrazarme al enorme Olmo junto a ella.

BUEN CAMINO.

Jacinto Fuentes Mesa.
Abuelo y peregrino.

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